Análisis de “el nombre de la rosa”
El nombre de la rosa, una obra de Umberto Eco fue publicada hacia 1980 y seis años después llevada a la gran pantalla.
La trama se desarrolla y gira en torno a una abadía y una biblioteca durante la época medieval. Dentro de toda biblioteca, obviamente se hayan libros almacenados.
En el escriptorium, copistas, pensadores, traductores… realizaban manuscritos y dentro de estos cabe destacar traducciones al griego, imágenes cómicas incluso el código zodiacal que eran notas secretas. Muy parecidos a los de hoy en día.
El Santo Oficio comenzó en el siglo XIII, en plena Edad Media, un mundo con hambrunas enormes, sacudido por profecías apocalípticas y convulsionadas por las luchas políticas, religiosas y de fronteras que defendían los enormes bienes terrenales de la Iglesia Católica, de las monarquías y de una incipiente burguesía de señores feudales.
Esta situación se traduce hoy día al poder político, económico y comunicativo. Siendo este ultimo cada vez más fuerte y poderoso desde el boom de las nuevas tecnologías.
El Nombre de la Rosa proviene de distintas fuentes y se mezclan entre sí con enfoque medieval y estilo contemporáneo (la trama policiaca)
En Toda Europa surgen monasterios, mientras nacen nuevas familias religiosas, inspiradas también en la Regla benedictina la cual debía cumplir las tres órdenes que constaba en mantener votos de obediencia, pobreza y trabajo. Los franciscanos predicaban la pobreza y los dominicanos se encargaban de la enseñanza y del estudio teológico en las universidades.
La iglesia abarcaba todo el poder. Se puede decir que el sistema informativo se reducía al eclesiástico.
También cabe destacar y no dejar por alto la comunicación visual de la Baja Edad Media, es decir, el arte. En la película se puede observar gárgolas, monstruos mágicos muy feroces y de aspecto siniestro. Estas criaturas voladoras tienen alas de murciélago, los ojos incandescentes, pequeños cuernos y la piel dura. Originariamente, las gárgolas eran desagües esculpidos con formas de animales, a los que un mago dio vida. No necesitan ni comer ni beber, así que cuando atacan lo hacen por el simple hecho de hacer daño. Habitan en cualquier zona subterránea, donde acumulan los tesoros de sus víctimas. Es típico encontrarlas entre ruinas o cavernas.
Pueden atacar por sorpresa; permanecen inmóviles como estatuas hasta que su víctima está lo suficientemente cerca. Realizan entonces un ataque sorpresa para desconcertar al enemigo. Otra manera de atacar es en picado, esta forma la usan cuando se encuentran en movimiento y es tarde para el ataque sorpresa.
El conocimiento y el saber se reflejaba en los manuscritos que ellos mismos escribían, en latín y en griego y que sólo ellos lo podían entender.
Con la llegada de la imprenta esto cambió. Según algunas fuentes, el 23 de febrero de 1455 fue completada la impresión de La Biblia de Gutenberg. Quizá la fecha no sea exacta, pero lo que sí está claro es que hace aproximadamente 550 años que vió la luz el que se considera el primer libro impreso con caracteres móviles.
Debemos aclarar que Johannes Gutenberg (c1400-1468, Maguncia, Alemania) no fue el inventor de la imprenta puesto que, a comienzos del siglo XV, ya se imprimían naipes y estampas con motivos religiosos.
El verdadero logro de Gutenberg fue el perfeccionar estas técnicas hasta conseguir un procedimiento tipográfico que ha permanecido sin apenas cambios hasta principios del siglo XX. De esta forma, para la elaboración de sus libros impresos, sustituyó la madera por metal, fabricando moldes de fundición capaces de reproducir tipos metálicos regulares que permitieran la composición de textos. Fue esta invención, la impresión tipográfica con tipos móviles metálicos, la que dio origen al verdadero libro moderno.
Todo el mundo ya podía acceder al saber escrito, lo que dio lugar a inestimables transformaciones, no sólo en el campo de la cultura, sino también en el de la política, la religión y las artes. Y todo ello gracias alas múltiples tiradas que se realizaban.